uando Plinio Apuleyo, Vargas Llosa y
Carlos Montaner
escribieron aquel famoso ensayo
titulado “Manual del perfecto idiota
latinoamericano”, no pudieron
imaginar que la estupidez humana
adquiriría dimensiones
catastróficas. El mundo asiste
silencioso y timorato a uno de los
ensayos más degradantes que ha
sufrido la humanidad, la conversión
de un alto porcentaje de sus
habitantes en otros idiotas más
perfectos que los concebidos por
aquellos autores. Los daños
producidos por las imbecilidades de
viejas generaciones no resultan
satisfactorios, es como si la
historia de una gran parte de la
humanidad fuera escrita en papel
sanitario no reciclable. Nadie
aprende con las experiencias
pasadas, los hombres nacen ciegos y
la sordera se agudiza con golpes de
consignas que dicen revolucionarias.
Se confunde al héroe con un asesino
por sus cualidades fotogénicas y al
tribuno con el demagogo escaso de
palabras, pero incendiario en su
canto de sirena que logra enardecer
almas.
Trece años transcurridos desde la
publicación de aquella obra
magistral, donde se describía con
ojo de águilas, nuestra peculiar
manera de enfocar los problemas de
este podrido continente, no han
servido de mucho. Los idiotas de
aquellos tiempos debemos pleitesía a
los que vagan por estos tiempos,
debemos quitarnos el sombrero y
reconocer que nos superan en todos
los aspectos.
La idiotez de aquellos mexicanos
imbuidos en esas enfermizas ideas
“revolucionarias” y el papel
protagónico en su exportación o
contaminación de esta parte del
mundo a cargo de los cubanos de mi
generación, son insignificantes
cuando se observa el panorama
actual. De poco ha servido el
fracaso y hundimiento de todo un
imperio en la década de los ochenta.
No ha funcionado el ejemplo de una
isla sumergida en la mierda y que se
derrumba ante los ojos de sus
vecinos. El idiota actual prefiere
vivir sus propias experiencias,
bucear más profundo en esa fosa de
porquería donde se ahoga Cuba desde
hace medio siglo y duele.
Venezuela naufraga llevado de la
mano por uno de los gobernantes más
cretinos que ha abortado este
continente, lo hace ante el silencio
de todos sus vecinos, ante la misma
complicidad sufrida por el pueblo
cubano, ante la indiferencia de
organismos internacionales que solo
han demostrado servir de teatro a
desagradables payasadas. Pero lo más
triste no es eso, duele ver
diariamente a una parte de ese
pueblo que clama y reclama la
existencia de un dictador. Indigna
ver a hombres y mujeres marchando y
gritando por la soga de su cuello.
¿Hasta dónde llegará la estupidez
del ser humano? Nadie podrá
establecer límites y menos en este
continente tan podrido.
Durante el agotador período de
mandato de este nuevo gorila
latinoamericano, no han faltado
pruebas de su paso depredador por
ese hermoso país. La inmoralidad
impuesta actualmente, ha superado
con creces todos los errores de la
derecha que sirvieron para colocarle
la alfombra roja a este descarado de
magnitudes desconocidas para llegar
al poder. La violencia y el
descontrol sobre la utilización
incontrolada de las riquezas del
país, es del pueblo y la comunidad
internacional harto conocidos. Sin
embargo, el silencio invade a los
medios de prensa internacionales,
mientras viajan de norte a sur y de
este a oeste, maletines cargados con
el producto de las riquezas de ese
pueblo y su tierra. De poco han
servido todas las pruebas de su
vinculación con movimientos
terroristas y traficantes de drogas,
es más, todas ellas han sido
condenadas al silencio y olvido,
pero resulta increíble aceptar que
esos detalles se puedan borrar
fácilmente de la memoria de todo un
pueblo. Todo parece indicar que es
cierto, el pueblo venezolano ha
perdido fatalmente la memoria. No lo
condenemos a todos, hablemos de un
cincuenta por ciento de esa
población, la misma que sale
enardecida y vistiendo camisas rojas
a las marchas convocadas por un
pichón de tirano, y grita consignas
que nos resultan aburridas y
gastadas.
De nada han servido las
manifestaciones de valentía de una
parte de ese pueblo, dignamente
representados por sus estudiantes y
esa gente valerosa que lo arriesga
todo por el futuro de su país.
Venezuela ha elegido hundirse en el
“mar de la felicidad”, el mismo
estercolero donde hace medio siglo
los cubanos nadan y escapan en
rústicas balsas. ¿Hacia dónde tirará
la corriente a los balseros
venezolanos? Aprovechen y estudien
algo de oceanografía ahora que
quedan textos disponibles, luego
será un poco tarde y tendrán que
lanzarse a esa aventura con total
desconocimiento como les ha ocurrido
a los cubanos.
No hay espacio para las lágrimas y
lamentaciones, cada pueblo tiene el
gobernante que se merece. Nosotros
los cubanos nos ganamos la lotería
con Fidel Castro y sus cantos de
sirena. ¡Pero, por Dios! Al tirano
cubano se le podía escuchar en una
tribuna, solo a un pueblo idiotizado
se le ocurre escuchar y seguir la
voz de un burro como ha ocurrido en
Venezuela. ¡Pobre pueblo venezolano!
¡Lástima de pueblo boliviano!
¡Misericordia tenga Dios con los
nicaragüenses! ¡Piedad deba tener el
señor con los ecuatorianos! ¡Que el
perdón no le falte a los argentinos
y su idolatría por un asesino
universal! ¡Que el señor proteja a
Chile de las estupideces de su
mandataria! ¡Misericordia, Señor!
Para todos esos imbéciles que viajan
hasta La Habana a condecorar al peor
asesino parido en nuestra tierra.
¡Dios nos proteja de tanta mierda!