Si no hubiera respuesta de las autoridades
existentes, pudiera hacerlo una Junta Cívico
Militar, como ha propuesto el Comandante
Huber Matos en su Mensaje a las fuerzas
armadas y del Ministerio del Interior. La
Cuba post-Fidel es de todos y todos deben
participar

na vez fuera del juego Fidel,
sólo es aceptable plantearse ¿qué requiere
la soberanía del pueblo cubano? Primero que
nada, requiere que aprendamos a convivir
unos con otros y a tolerarnos mutuamente a
pesar de las divergencias que podamos tener.
Las intransigencias de seguidores y
oponentes que han prevalecido bajo el
castrismo tienen que llegar a su fin, la
Cuba post-Castro tiene que ser la patria de
todos y para el bien de todos que predicara
Martí.
Eso quiere decir que tanto los del régimen como los de la
oposición tenemos que aceptar el derecho de
los otros a sus opiniones y criterios. Esa
es la gran lección de la disidencia. A pesar
de las muchas arbitrariedades e injusticias
a que han sido sometidos, entre ellos
prevalece la noción de la transición
pacífica y la no venganza. Pero eso no
significa que no haya justicia. Hay que
sancionar a los que hayan cometido
injusticias y compensar a los que hayan sido
víctimas de medidas arbitrarias.
En la implementación de un régimen de transición, el primer
paso es la libertad de los presos por
expresar desacuerdo con el régimen. Pero
libertad en su concepto más amplio. Es decir,
sin la espada de Dámocles que implica la
libertad extrapenal que está otorgando
actualmente el régimen, sino reconociendo
que expresarse libremente es un derecho
inalienable del ser humano. Igualmente, es
necesario que se reconozca la libertad de
asociación y movimiento. Eso quiere decir
que los cubanos sean libres de asociarse en
sindicatos, entidades cívicas y partidos
políticos para defender sus derechos e
intereses dentro de la sociedad. También
será necesario que se reconozca el derecho
de los cubanos a establecer individualmente,
o en sociedades civiles, empresas de todo
tipo, tanto industriales como agrícolas o de
servicio y de ser dueños de propiedades. Y
restaurar el imperio de la ley con la
independencia del poder judicial. Esto es,
crear el contexto institucional del cambio
que coronarían unas elecciones
multipartidistas.
Eso podría hacerlo el gobierno de sucesión de Raúl Castro, o
una Asamblea del Poder Popular que convocara
Ricardo Alarcón para discutir el Proyecto
Varela y el Diálogo Nacional propuesto por
Oswaldo Payá. Si no hubiera respuesta de las
autoridades existentes, pudiera hacerlo una
Junta Cívico Militar, como ha propuesto el
Comandante Huber Matos en su Mensaje a las
fuerzas armadas y del Ministerio del
Interior. La Cuba post-Fidel es de todos y
todos deben participar. Sólo ante esas
iniciativas internas, sería procedente el
estímulo de fuera, tanto del gobierno de los
Estados Unidos como de la Comunidad Europea
y los organismos internacionales como la OEA,
el Banco Mundial, el BID y el FMI. Ese
estímulo es el que debiera ser objeto de la
negociación que planteó Raúl en su discurso
del 2 de diciembre, en el cual,
lamentablemente, no hizo oferta alguna al
pueblo cubano.
De más está decir que la tan vilipendiada comunidad cubana en
el exilio estaría dispuesta a dar su apoyo a
una iniciativa de este tipo. Prueba de ello
es la forma generosa en que Consenso ha
tomado iniciativas para estimular un alivio
a las medidas aplicadas por el gobierno de
Estados Unidos en materia de viajes y
remesas a Cuba, aún sin haber recibido ni
pizca de aliento de que serían
complementadas por el régimen. A estos
efectos, es alentador que el régimen de Raúl
haya pospuesto hasta abril l la
implementación de las medidas represivas
implícitas en las resoluciones sobre
disciplina laboral. Hace falta algo más
amplio. La Cuba post-Fidel está definiéndose
ya.